Mostrando las entradas con la etiqueta emprendimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta emprendimiento. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de junio de 2010

Dejando la Gerencia de Laprog: Parte 4 (ParqueSoft)

Son las 4 am y toda la noche trabajé en presentaciones sobre cerámicas artesanales, productos orgánicos y ecoturismo. ¿Extraño? No, esa es una de las grandes ventajas de trabajar en el mundo del software, pues siendo éste un aspecto transversal a todas las industrias, terminas conociendo y sabiendo de todo un poco.

Advierto sobre la hora para que bajo ese contexto sea evaluada mi lucidez al escribir la presente nota.

Entrando a ParqueSoft

Una vez que mi mamá no sólo aceptó el hecho de que su hijo iba a arriesgar su futuro como profesional empleado, sino que además me apoyó incondicionalmente, empezó a trabajar en pro de mi futuro empresarial.

Su primer aporte fue decirme que una de sus primas contemporáneas hacía parte de ParqueSoft. Para ese entonces uno escuchaba hablar de ParqueSoft en el Icesi, pero no necesariamente se decían cosas buenas, al punto que se habían creado mitos urbanos como que "ParqueSoft es una incubadora que se queda con el 60% de los ingresos de las empresas" y cosas por el estilo.
Y si a eso le sumamos la poderosa palabra "contemporánea", no pude imaginarme nada más que a una tía parecida a mi mamá vendiendo ratones o cables de impresoras en una bodega oscura.

Algunos meses después, habiendo ingresado a ParqueSoft, conocí a la prima de mi mamá, Gerente de Inova, una de las empresas de software más importantes de Cali para la época.

Sin embargo el proceso de entrar a ParqueSoft inició a través de otro familiar de mi mamá que ya había mencionado: el rico del renault 12 verde, Javier Cabal.
Ya habiendo escuchado el discurso que teníamos sobre una educación integrada, sobre la posibilidad de que los colegios dejaran de funcionar como islas académicas, Javier nos invitó a un foro en Buga llamado "Lo social paga", con la clara y bondadosa idea de que nos convenciéramos de entrar a ParqueSoft.

Hacíamos parte de un panel de invitados muy interesante: Orlando Rincón por ParqueSoft y Rubén Darío Lizaralde por Indupalma (claro y Alejandro Moreno por Laprog, hace 6 años). Orlando contó sobre las grandes ventajas de apostarle a una industria del conocimiento y de manera asociada; Ruben Darío contó cómo una empresa afectada por la apertura económica y por la violencia, pasó de estar en quiebra a ser una de las más importantes procesadoras de aceite de palma, gracias a que regaló sus tierras a una cooperativa de ex-empleados que se convertirían en su principal proveedor.

Nuestra conferencia se trató de destudio.com.co (aún en desarrollo). Fue exitosa por 3 principales razones: 1. Aún hoy en día no he visto una presentación de Power Point mejor diseñada (gracias de nuevo a Alejandra Ruiz) 2. Mónica Alejandra habló durante los 5 primeros minutos 3. Por primera vez hablé ante centenares de personas y vencí ese miedo en un ambiente básicamente controlado (mis paisanos).

Menciono que Mónica hizo parte de la conferencia porque así haya yo hablado durante más de una hora y ella unos cinco minutos, Orlando se acercó a nosotros y dijo: "Ustedes deben ser parte de ParqueSoft", claro, se lo dijo a Mónica y ella quedó con su tarjeta.

Igualmente Ruben Darío nos confirmó que quería adquirir los servicios de Destudio para sus colegios en el Magdalena Medio. Negocio que nunca se concretó, tal vez porque a veces es mejor no concretar con el jefe jefe, sino con sus mandos medios.

Luego de recibir de Orlando la invitación para ser parte de ParqueSoft, nos informamos más y entendimos que todo cuanto habíamos oído eran mitos y que al contrario esta fundación parecía ser exáctamente lo que necesitábamos para despegar.

ParqueSoft tiene un ente conocido como "Comité de Emprendimiento", donde un grupo de expertos evalúan si uno tiene lo que ellos llaman "el brillo en los ojos". Aunque ya contábamos con la pre-aprobación de Orlando (además el pensaba que yo era hijo de Javier Cabal, su amigo y admirador), en dicho comité nos sentimos ganadores de nuevo, pues Nancy Fernandez, Silvia Torrente, Cala, Liliana Gómez y Jose Arbey Maldonado (creo no olvidar a ninguno), quedaron sorprendidos, especialmente por nuestra seguridad al responder y por nuestro argumento sobre el estado actual del desarrollo: "primero estamos vendiéndolo, si se vende, lo terminamos, sino para qué?".

En ese entonces ParqueSoft estaba en su mejor momento: cerca de 800 personas, el negocio con Sharp daba un aire de prosperidad; habían niños de colegios todos los días visitando Parque; fiestas cada 15 días; Orlando salía en todas las revistas y periódicos colombianos, en fin, estábamos donde teníamos que estar.

Como en ParqueSoft habían cerrado ya inscripciones de empresas por falta de espacio, nuestra llegada fue contra corriente. Nos (me) tuvieron que ubicar con otra empresa: Comsoft.

Comsoft era una empresa de un par de socios procedentes de Miranda - Cauca. Ellos tenían un sistema de Administración Académica, por lo que sería casi natural compartir espacio.
Al principio ellos tenían todas sus mesas ocupadas, al igual que sus computadores, por lo que fue necesario que nosotros lleváramos la siguiente receta:
- CPU año 2000 (regalo de grado de Alejandro)
- Monitor 15 pulgadas y 50 kilos
- Caja de cartón alta
- Mantel verde

¡Con ese coctel organizamos nuestra primera oficina! La caja era la mesa y el mantel le daba la apariencia.

Quienes conocen la interesante historia de ParqueSoft (llevamos años tratando de convencer a Orlando de escribirla él mismo), sabrán que para esa época se ubicaba en la zona industrial de Yumbo. Por lo tanto para ir a una reunión de las 8 am había que salir tipo 6 y media de la mañana a coger el primero de los dos buses que tenía que abordar, para poder finalmente atravesar la mortal autopista Cali- Yumbo.

De los tres socios yo era quien iba a la oficina diariamente, mientras tanto, Freddy trabajaba en su casa por las noches y Jose en la suya desarrollando, por fin, el famoso e inexistente destudio.com.co.

Aún durante los primeros meses, siempre que visitaba la empresa me ponía camisa, pantalón, zapatos elegantes, así no tuviera citas. Pero para mí, tenía una cita muy importante: mi primera oficina. Recuerdo aún el gran orgullo que sentía cuando mis amigos llamaban y a mis 21 años les decía que "no puedo estoy en la oficina".

Muchas cosas buenas nos ocurrieron, y especialmente a mi, una vez entramos a ParqueSoft. Descubrí que esa fundación se trata de personas, personas inteligentes y de gran corazón; y gracias a que todos los días iba a Parque, conocí a los fundadores, a los emprendedores, a los colaboradores. De casi todos aprendí muchas de las cosas que me permitieron, de ahí en adelante, dirigir la empresa con algo más que instinto.

De esta época, en la que pasamos de estar solos en un cuarto (garaje para la literatura californiana), a pertenecer a un grupo de 800 jóvenes emprendedores, hay mil recuerdos y emociones casi todos ligados a las sensaciones e impresiones que causan los descubrimientos.

Una de las tantas historias que hacen rica mi experiencia en ParqueSoft ocurrió durante el primer diciembre que pasé allá. Tal vez el 17 de diciembre del 2004, habían cerrado un negocio grande con Sharp Latinoamérica. Era uno de esos megaproyectos en los que se montaba Parque confiado en la calidad de sus emprendedores.

Varias empresas, sin incluir la nuestra, habían construido el Portal y la Intranet de Sharp. Ya habían entregado y por tanto, Sharp finalmente pagó. De navidad había decidido repartir un pequeño regalo entre las empresas y personas que más me habían ofrecido su conocimiento y alianza. Cuando llegué orgullosamente a entregar mi regalo (un cd con libros electrónicos) a Nuevos Medios, especialmente a mi amigo Juan David, lo encontré contando cientos de billetes en una mesa que estaba totalmente forrada con fajos de pesos, muchos pesos. Nunca había estado tan cerca de tanta plata.

Años después Juan David me explicaría que fue un día estresante pues a él le llegó todo el pago de Sharp, para dividirlo entre varias empresas y que de hecho ese proyecto había sido una total pérdida. No importa, para mi fue la prueba, ingenua pero prueba, de que existían los ricos del software y que yo podía ser su amigo y aliado, como ellos me lo habían hecho saber.

Ni siquiera sé cómo seguir contando todas las historias que tuvieron lugar durante esos meses, contratamos nuestra primer secretaria quien luego sería mi novia (si también ocurre en las mejores empresas); llevamos al Ministerio de Educación; visitamos el Ministerio de Educación; contratamos nuestro primer vendedor; caminé todo Cali con Juan Carlos, el vendedor; casi viajo a China; me fui a vivir solo a San Antonio el barrio más lindo de Colombia; vendimos en muchos Colegios; compramos nuestros primeros computadores; nos apoderamos de las mesas de Comsoft; lanzamos Destudio.com.co (fueron 7 personas).

Durante esos primeros meses en ParqueSoft, existimos, eso fue lo importante. Ya hacíamos parte de una industria, ya teníamos clientes y empleados. Y lo más interesante era que teníamos la posibilidad de experimentar, fueron los inicios y caminábamos como los bebés: hacia los lados y torpes, pero seguros y sonriendo, tal vez gracias a la presencia de amigos que nos rodeaban dispuestos a sostenernos si caíamos. Por eso muchas veces digo que fue vital ParqueSoft para la existencia de Laprog y para quien soy yo actualmente.

Hoy no era un día para pensar en lecciones o conclusiones Jose, hoy era un día para agradecer y tratar de transmitirte ese sentimiento que tal vez, por no haber estado físicamente desde el inicio en ParqueSoft, podrías no haber desarrollado por ellos (aún cuando desarrollar sea lo que mejor haces en la vida).

miércoles, 23 de junio de 2010

Dejando la Gerencia de Laprog: Parte 3 (Primer producto, Capital Ángel)

Destudio.com.co nuestro primer producto

Mi tiempo de estudio, ocio, rumba, familia y novia, se lo dediqué absolutamente a la empresa. Durante ese año, aproximadamente 2003 - 2004, logramos identificar que el producto que más tendría futuro era el que permitía a los estudiantes de colegio comunicarse entre ellos en un ambiente académico. Sin embargo el producto pasó de ser un messenger a un Portal educativo. Destudio.com.co fue uno de los primeros portales educativos de Colombia, existió antes que Colombia Aprende, Medellín.edu.co, EduNet; creemos que sólo lo antecede Eduteka.
Para llegar a ser lo que es Destudio pasaron un sin fin de cosas que lo fueron moldeando a él y al mismo tiempo a Laprog Software. Resulta que por alguna razón (intuición) decidí que primero quería escribir lo que sería Destudio, sacar carpetas, brochures y demás material comercial, ofrecerlo, venderlo y mientras, desarrollarlo. Pues bien, durante una de las charlas más memorables de mi vida con mis amigos de Buga, Mónica Alejandra se sentó conmigo, a filosofar sobre lo que debería ser un Portal para estudiantes. Ya a las 5 am de la mañana, en uno de los pequeños parques del barrio el Albergue de Buga, teníamos una irónica conclusión de lo que debía ser la mejor herramienta tecnológica para mejorar la educación, inspirada en el amanecer, la amistad y la cerveza (en serio, fue cerveza).

Construida la base inicie un proceso de socialización con mis socios. Álvaro, al escuchar lo que podría ser dicho Portal, me enseñó lo que eran los CMS (Content Magament System), si no me hubiera iluminado en ese campo, seguramente habríamos desarrollado todo un sistema administrador de contenidos desde cero. Jose por otro lado, estuvo constantemente conmigo pensando cómo podría ser posible lo que había concebido junto con Mónica. Durante un encuentro nacional de Ingeniería de Sistemas, celebrado en la Universidad del Valle (que irónicamente organizó quien en el futuro sería uno de los más leales colaboradores de Laprog) y durante una conferencia inspiradora de Orlando Rincón, Jose y yo terminamos por dibujar claramente lo que sería dicho portal educativo, que aún no tenía nombre.

Quien me conoce sabe que soy terrible con los nombres y por tanto temía de mi mismo al escoger un nombre para tan importante proyecto. Una de esas mañanas desalentadoras, les comenté a mis compañeras de apartamento Angélica y Mónica (otra Mónica pero también Gonzalez), que no encontraba un nombre para el Portal: "me gustaría un nombre pegajoso como deremate.com" a lo que prácticamente por simple conclusión, Mónica dijo: "pues destudio.com". Así nació el nombre de lo que en un futuro sería incluso la base del Navegador Nautilus.

Con nombre, conceptos y objetivos, corrí donde Mónica Alejandra para que me colaborara, durante una larga noche, a escribir los textos del material comercial. Una vez terminados busqué luego colaboración en la que era la mejor Diseñadora Industrial graduada del Icesi (claro hasta que PIli la desbancó). Alejandra Ruiz creó el primer logo de Destudio (algún día montaré una galería con los logos de la empresa) y los primeros brochures, que al día de hoy, siguen siendo los mejores que hemos tenido.

La empresa tenía nombre, socios, producto con nombre y brochure, ya tenía Gerente; qué faltaba? Salir a vender. Aunque el brochure no se había impreso aún, comencé a ir a las primeras citas de negocios (a mis dulces 20 años). En el Colegio Juanambú, Colombo Británico, Instituto Julián Mendoza de Buga y otros, nos recibieron a mi y a Mónica, para contarles sobre un portal, que todavía no existía; con un guión, que no estaba impreso; pero eso sí, con la convicción de que nos tenían que comprar. Pues llegó el día en que uno de ellos nos dijo que "listo que me pasen el contrato yo se lo envío a mis abogados". ¿Contrato? Con razón habían tantos abogados, siempre creí que sólo servían para meter y sacar gente de la cárcel.

El primer día de Universidad conocería a quien habría sido el peor Ingeniero de Sistemas del mundo pero que afortunadamente se convirtió en un excelente abogado: Freddy Gutiérrez. Él con el mayor de los gustos decidió verificar que el "contrato" que yo había hecho podría ser enviado a un cliente sin que eso significara demostrar nuestra grandísima inexperiencia. Su respuesta: "Alejito, eso es una encuesta, no un contrato". Mi contrato seguramente se parecería a los primeros contratos que aparecieron en el Imperio Romano: 1. El ciudadano acepta pagar impuestos so pena de muerte (El Cliente acepta pagar mensualmente $390 mil pesos, so pena de ser demandado en caso de omitir dicho pago). Al frente de cada una de las "obligaciones" del contratante, se encontraban dos cuadros, uno nombrado SI y otro con un tenue NO. Claramente no había obligaciones para el contratista.

Seguramente por la gracia que le generó dicha encuesta, Freddy aceptó ayudarnos a cambio de un "gracias". Freddy era en ese momento pasante del profesor Carlos Espíndola, quien sería un importante guía gerencial, comercial y ética para la empresa y en especial para mi. Pues después de varias trasnochadas en el incómodo estudio de la casa de Freddy, terminamos un contrato de 15 hojas. Sólo subieron un par de párrafos frente a mi contrato de 4 páginas. Además de esta colaboración Freddy era quien me transportaba inicialmente a mi y a Mónica hacia los Colegios de Cali, pues ninguno queda en alguna de las mil y un rutas de buses que había para entonces.

Además Freddy pidió prestado el portátil dañado del papá, para que cuando llegáramos a las citas pudiéramos decir que "esperara un segundo que no sabía por qué se había dañado el computador". Éramos una empresa de software del 2003, teníamos que descrestar con portátiles, no con papeles. Haciendo memoria, siempre salíamos de una cita comercial diciendo que nos había ido muy bien, nos sentíamos ganadores siempre, aunque nadie comprara. Y tal vez ese sentimiento no sólo era propiciado por la benéfica arrogancia que teníamos, sino porque los clientes nos trataban muy bien. Era lógico, teníamos 20 años y vendíamos un producto que no existía, basados en una presentación que no podíamos mostrar porque se nos acababa de dañar el único portátil (ajeno) que teníamos. Más adelante detallaré cómo si terminamos teniendo un Portal con varios clientes. Pero antes debo contar algunas otras historias que lo hicieron posible.

Los primeros socios capitalistas

Durante todos esos meses, yo tenía claro que quería continuar mi empresa pero con socios de verdad, quienes estuvieran dispuestos a trabajar hombro a hombro, día y noche, conmigo. Era claro que serían Freddy y Jose. Mónica Alejandra, a cambio de su colaboración le dimos el 4% del proyecto Destudio.com.co. Así entonces Alejandro tendría el 45% de la empresa, Freddy el 35% y Jose el 20%. Pero entonces comenzaron a escasear los 2.000 pesos del bus para las citas y no teníamos plata para imprimir brochures. Menos posibilidades teníamos cuando empezó a rodar el chisme de que unos jóvenes tenían un producto interesante y recibimos llamadas de Manizales, Armenia, Bogotá, Medellín, etc. Por esa razón decidimos acudir a mis padres que, sobre todo confiados en que harían de mi un joven feliz y no a ellos un matrimonio rico, decidieron invertir en Laprog.

El monto de su inversión fue incierto, pero fue justo cuanto íbamos necesitando con el tiempo. Creo que aproximadamente fueron 6 millones de pesos, que les mereció el 15% de la empresa. Estoy seguro que sin el apoyo moral de mi papá, las aterrizadas de mi mamá, las ansias de escuchar cada nueva buena noticia de Laprog de mi familia y sin la plata de mis padres, yo no habría podido enfrentarme al emprendimiento. Me la pusieron fácil.

Jose no pensé que me llevaran tantos párrafos contarte esto, porque normalmente esto es posible contarlo en una conferencia de media hora, creo que escribo más carreta de la que hablo. Hasta aquí puedo enumerar muchas cosas que aprendí y uso constantemente en los momentos que hay que tomar decisiones, pero las más importantes:

- Los socios son para toda la vida y es más difícil encontrar un buen socio que encontrar una buena mujer. No lo digo yo, lo dicen todos y siempre uno lo escucha, lo que pasa es que en ese momento me di cuenta que era verdad.

- Nunca desarrolles un producto que no lo has confrontado con el mercado. Primero hay que saber que hay alguien dispuesto a comprarlo. En nuestra industria es muy normal encontrar programas excelentes, que nadie los compra.

- Todos los productos del mundo tienen muchas dimensiones y por tanto deben ser validados en cada una de ellas. Fuimos afortunados en contar con visiones y opiniones de amigos, socios y colaboradores, que nos llevaron a construir productos técnica, legal, comercial, social, gráfica y financieramente robustos.

PD: Mientras terminaba de editar esta nota nos adjudicaron una licitación de la Lotería de Medellín. Me pareció bonito el momento de estar escribiendo la historia que permitiría logra este tipo de cosas.

martes, 22 de junio de 2010

Dejando la Gerencia de Laprog: Parte 2 (Universidad)

Universidad

Tal vez cada diciembre y cada septiembre me decía a mi mismo: "se acabó la pereza, ahora si vamos a estudiar en serio". Cuando era niño al único de la familia que le tomaban la lección en la casa era a mi, pues mis dos hermanos eran exageradamente juiciosos, tanto Pacho como Pili, fueron cada uno los mejores en su clase y, durante el tiempo que lo midieron, los mejores del Colegio. Yo no era así de bueno, pero todos creían que si me dedicaba tanto como ellos lo podría ser, incluso yo lo creía; pero ni yo ni mis padres lograron eso.

El tiempo que mis hermanos invertían estudiando yo lo invertía en el computador (mis papás me regalaron uno de los primeros computadores multimedia y con Windows 95 de Buga), jugando basquet, o saliendo con mis amigos a hacer "inocentes" jugarretas a los vecinos del barrio.

Al llegar a la Universidad no cambié, aún cuando siempre me hacía esa falsa promesa al inicio de cada semestre. Nunca pude con las clases de las 7, siempre mis compañeras de apartamento ,ambas amigas del colegio, hicieron lo imposible porque fuera a clase, sin ningún éxito.
Esta pereza siempre me acompañó durante mi vida académica, no me gustaba estudiar y en el colegio me funcionó no estudiar, pues igual me iba bien. Por otro lado en la Universidad sólo le dedicaba tiempo a las materias de humanidades y las de algoritmos. Pero al no estudiar nada para cálculo, físicas y matemáticas discretas, me ponía absolutamente en las manos de los profesores, quienes en su gran mayoría me dejaban pasar con un 2.9 o un 2.7, siempre con la misma frase "usted es inteligente Alejandro si tan sólo se aplicara...".

Sólo un profesor, el de Ecuaciones Diferenciales, tal vez las matemáticas más fáciles que hay, no me pasó y después de 3 intentos, me tocó estudiar. Siempre recordé a este profesor con rencor, hasta el día de hoy que escribo esto y entiendo que fue el único profesor que me exigió más de lo que yo estaba dispuesto a dar. Cuando me gradué al Colegio llegaron dos opciones de becas para mi: la Universidad Nacional y el Icesi. Ambas gracias al Icfes y el aprecio que sentían por mi los profesores influyentes.

Afortunadamente decidí estudiar en el Icesi, una Universidad que constantemente está exigiéndoles a sus estudiantes en pensar en el emprendimiento no sólo como una opción, sino casi como una obligación patriótica. - Con la beca del Icesi llegó Cien años de Soledad, un libro que intenté leer dos veces y nada, que pesar que no me guste el libro más famoso del país - Durante mis 6 años en el Icesi, asistí a todos los foros y encuentros de creatividad empresarial que realizaban. Disfrutaba como nunca de esas conferencias, pues tenía la posibilidad de escuchar a los mismos dueños de las empresas contando sus historias, en un ambiente de confianza contaban sus secretos empresariales y personales que los habían llevado al éxito.

Seguían siendo mis héroes. No puedo recordar un momento de mi vida donde haya pensado que mi futuro fuera el de un empleado en alguna empresa, cuando pensaba en Microsoft, en Google o demás, no pensaba cuánto disfrutaría trabajando para ellos, ¡sino cuánto me gustaría competirles! Aunque sabía que quería montar una empresa, no sabía a qué se dedicaría y así fue hasta que en quinto semestre vi una materia que me mostraría claramente el camino que debía coger para iniciar mi propuesta empresarial.

En Laboratorio de Programación estudiábamos los 10 o 12 que seguíamos en Ingeniería de Sistemas de la promoción 2000, luego de que entraran 60 (eso siempre fue motivo de orgullo y ahora que lo pienso es increíble que las universidades se esfuercen tanto en colar gente). En esta materia mis compañeros reconocían en mi y en Jose Humberto, que se convertiría en mi mejor amigo y compañero de la Universidad, un par de "pepas" a los que la programación se les facilitaba y además podían, creativamente, liderar un proyecto. Por esa razón nos encargaron la Gerencia del proyecto que deberíamos realizar entre todos.

Para facilitar la comunicación entre los miembros de la clase, Juan José Cardona creó la lista de correo labprog@hotmail.com. A esta lista le debemos el nombre a nuestra empresa. Como proyecto decidimos crear un programa que permitiera a una empresa crear cualquier curso infantil de idiomas. Fue el primer programa creado en Colombia con tecnología .Net, según nos contaría posteriormente nuestra profesora, pues el Icesi había sido la primera Universidad y empresa en adquirir dicha tecnología en el país. Al final entregamos un programa llamado "Habla Alemán" que a través de divertidos juegos les enseñaba a los niños las palabras básicas del idioma y su pronunciación.

La nota final fue 5. Durante el proyecto entendí que Jose, mi amigo, era un genio y que como tal debía convencerlo de hacer parte de mi proyecto empresarial que ya era un poco más real, pues ya sabía que quería llamarlo "Labprog", afortunadamente, un día en Buga mis amigos me hicieron ver lo difícil de pronunciar que era y que por tanto debería quitarle la b, para así por fin, llamarse "Laprog" + "Software" = Laboratorio de Programación de Software. ¿Fácil de pronunciar cierto? Mi mamá duró dos años cambiándole el nombre a la empresa en cada llamada: "con Imelda de:" lampró, lapró, lagpró, etc. Igualmente los primeros clientes. Fue en sexto semestre de Ingeniería de Sistemas (cuando se comienza a poner verdaderamente duro) que decidí iniciar formalmente la empresa. Lo primero que hice fue convencer a los más pepas que conocía para que hicieran parte de ello. Por eso invité a Guillermo Andrés Londoño, Álvaro Bueno, Jose Humberto Ochoa y Carlos Andrés Arismendi. Los cinco íbamos a crear el primer Laboratorio de Programación en el mundo corporativo, permitiendo que decenas de universitarios probaran sus tecnologías en los mercados. Para iniciar, cada uno aportó un proyecto: Geolocalización de unidades de emergencia móviles en una ciudad, Un messenger para Colegios, un sistema para hacer pruebas de caja negra de manera automática, un radio Wifi para conectarse a las emisoras virtuales.

Sin embargo, una empresa con tantos socios para iniciar no era viable. Además el único que en ese punto sabía que quería dedicarse a esto por el resto de su vida era yo. Y pasaron algunas cosas con cada uno de los socios que hicieron que sólo Jose y yo quedáramos y además entraran otros. Si de pronto las historia me va permitiendo contar esos detalles, lo haré, por ahora contaré qué ocurrió con Carlos Andrés.

Resulta que Carlos es uno de mis mejores amigos desde que tengo 13 años tal vez. Con él viví el primer año de la Universidad y siempre tuvimos una excelente relación. Siempre lo admiré por su inteligencia y disciplina. El entró a estudiar Administración de Empresas en la misma Icesi. Todo esto lo hacía el candidato perfecto para encargarse de la Administración de Laprog. Cargo que aceptó inmediatamente. Recuerdo mucho que trasnochábamos algunas veces para hacer presupuestos, puntos de equilibro, brochures y bases de datos de clientes. El tenía a su cargo las ventas. SIn embargo Carlos tenía claro que su futuro estaba en un importante cargo en una gran empresa, como efectivamente no ha hecho sino cumplir, pues ha pasado por Liberty, Colgate y otra que no recuerdo el nombre. Es un gran Administrador.

Y precisamente por la falta de un Administrador, fue que a me tocó alejarme del capítulo técnico de la empresa y dedicarme a lo comercial, al mercadeo (que siempre había disfrutado pero no era consciente de ello) y a las finanzas. La salida de Carlos de la empresa fue demasiado importante para el futuro de la empresa y para mi vida profesional, pues hasta ese momento veía mi futuro contribuyendo en el desarrollo técnico de los productos, no en la dirección de una empresa. Irónicamente el capítulo de la Universidad no termina con un título. Un par de años después de lo aquí narrado, no había renunciado a terminar la Universidad, sin embargo un día tuve que escoger entre ir a un examen de "Electrónica" o ir a una cita con la Viceministra de Educación en Bogotá.

Como dije en un correo recientemente escrito, mis decisiones casi siempre las tomo basado en la intuición. Yo intuía que en un futuro la cita con la doctora Juanita, sería mucho más importante que un examen (que además seguramente perdería). Cuando volví a Cali y le expliqué mis razones tanto al profesor como a mi Director de Carrera, me dieron la opción de pagar 80 mil pesos y presentar un supletorio. En vez de ello, abandoné la Universidad. A mi mamá hasta hace muy poco le afectó mucho que yo no haya terminado la Universidad; mi papá por otro lado entendió mis razones y me dio sabios consejos al respecto. Sentí muchísima nostalgia y envidia cuando empecé a ver las fotos de los grados de mis amigos.

Actualmente quiero terminar mi carrera, una vez tenga el tiempo, sobre todo, para no ser un cero a la izquierda para el mundo académico, pues no puedo ingresar formalmente al mundo académico sin obtener dicho título (así ya haya sido incluso profesor universitario). Pero también es importante decir que nunca me he arrepentido de haberlo hecho. Gracias a ello dediqué todo mi tiempo a crear una empresa que hoy genera empleo en cuatro ciudades del país y eso me parece más valioso que un título de una carrera profesional. Lamentablemente tuve que escoger pues no eran viables al mismo tiempo ambas opciones.

Jose, escribo todo esto, de nuevo para llegar a unas enseñanzas que me dejó esta etapa de mi vida y además porque temo que si no lo escribo ahora, en unos años la historia será muy diferente a la real, pues no me conocen por mi buena memoria. - Las oportunidades de negocio están en todos lados, lo importante es mirar el mundo con esas gafas, con las gafas de las oportunidades. - Muchas veces hay que decidir con las entrañas (no quería decir corazón por trillado pero es verdad).
Como hombre de lógica que eres Jose te será más fácil ver algunas cosas que posiblemente yo no veía, pero si algún día no encuentras suficientes argumentos, no temas tomar caminos inciertos basado sólo en la intuición.

- Todos tienen planes para nosotros, nuestros padres, profesores, amigos, hermanos, hijos, novias, todos. Siempre estarán ahí para hacértelo saber si algún día te "descarrilas" de esos planes, por eso es muy importante que tengas tu propio plan y que te apegues a él, sin dejar de escucharlos a todos, pues a veces uno no camina hacia su propio bien.

- Para liderar un proyecto se requiere respeto y el respeto se gana con hechos, criterio y conocimiento; no con títulos ni cargos. ¡Tal cual como hicimos en Labprog!

- Tal y como dice Orlando Rincón, en los estudiantes universitarios se encuentran las muchas de las mejores ideas de productos innovadores, no dejemos nunca de crear junto con ellos pues al final, con más de 6 productos en cuatro líneas diferentes, sí terminamos siendo un Laboratorio, casi un producto al año.

Dejando la Gerencia de Laprog: Parte 1 (Niñez y adolesencia)

Dentro de 15 días entrego la responsabilidad y el honor de ser el Gerente de Laprog Software S.A. a mi socio y amigo Jose Humberto Ochoa. Durante cerca de 14 meses me he venido preparando para este momento y con ello han llegado a mi, más que nunca, recuerdos, anécdotas, reflexiones, lecciones y embarradas, que creo que no sólo serían valiosas compartirlas con quien será el primer jefe de mi vida, sino con muchas personas que durante años las han escuchado y al parecer, las han apreciado. Como estoy seguro que los recuerdos funcionan como hipervínculos (importante: estas historias seguramente serán interesantes sólo para geeks), es posible que no necesariamente escriba esto cronológicamente, sino mas bien parecerá la misma Internet por su lógico desorden.

Siempre que en una reunión o para alguna entrevista (una de las 4 o 5) empezaban a preguntar sobre la empresa, la primera pregunta se refería al por qué. No es natural en Colombia que un estudiante decida iniciar una empresa y por lo tanto fue desconcertante para muchos. Por esa razón esta primera entrega hablaré de cómo se formalizó en mí, la idea de crear una empresa.

Niñez

Tal vez cuando tenía cerca de 5 años o 6 escribí un cuento sobre cómo la persona más adinerada que conocía, Javier Cabal (personaje importante en la historia de Laprog... no era rico), podría manejar un renault 12 y además verde. Cuando jugaba con mi hermana con los pequeños muñecos que venían en los paquetes de Yupi, tom y jerry principalmente, los personajes principales del juego siempre tenían mansiones y ferraris.

Si a estos inicios materiales le sumamos que una vez, a los cuatro años, mi hermano me dijo tajantemente: "somos pobres", mi espíritu no tuvo ningún otro camino posible al de desear salir de esta situación de aparente pobreza para que luego, algún día, mi hermano sea rico. Sin embargo mi historia con el dinero no comienza vendiendo maní en el colegio o tarjetas de álbumes o embases vacíos, como la mayoría de las historias que uno lee en los libros de administración, no, mi historia comenzó por hacer realidad mi riqueza y la de mi familia en mis infantiles historias.

Un nuevo entorno social, el de mi colegio, me permitió crear una realidad alterna a la real (no éramos pobres realmente, nunca nos faltó techo, comida y juguetes, pero como decía, ¡mi hermano fue muy claro!). Mis amigos del colegio, pobrecitos ahora que lo pienso, me tenían que escuchar constantemente cómo íbamos a nuestras fincas llenas de cuatrimotos -una vez lo dibujé cuando la profesora de tercero nos pidió dibujar las vacaciones - pasábamos fines de semana en la casa de Cali, me compraban enormes Gi Joe de navidad, y todo cuanto podría inventar con tal de convencer a mis nuevos amigos que mi familia era muy rica. Ahora, ¿de dónde sacaba yo el concepto de riqueza? No de la televisión, o al menos no lo recuerdo así, me inspiraba en las riquezas del esposo de mi tía Catalina, a quien todos llamábamos "el amigo" o simplemente "holguín", sólo de grande entendí que la trama familiar (era el segundo esposo y el padrastro de mis primos).

Mi tía y su familia nos invitaban constantemente a su (mi) casa en Pance - Cali. También paseábamos con mis primos en sus (nuestras) cuatrimotos. Una vez hasta estuve en un Yate de otra familia muy rica de Cali. Por lo tanto Holguín, mi tía y mis primos, constituían para mí el ideal de una familia rica. De ahora en adelante seríamos nosotros en vez de ellos en sus posesiones.

Cuando inicié mi averiguación sobre el por qué mi amigo tenía tanta plata, entendí que el era dueño de una empresa, una empresa que construía edificios, unidades, centros comerciales y hasta hoteles. De ahí en adelante, mis héroes serían no personajes llenos de capas, espadas o pistolas, serían empresarios (por eso decía lo de los geeks). Ya habiendo reconocido que por mi básico deseo por posesiones, también por la necesidad de que una que otra mentira encajara, me llevó a la idea de que un hombre debe ser empresario.

Pero también creo que es importante ahora entregar un contexto de mi vida de niño: Crecí en Buga, un tranquilo y bonito pueblo del Valle del Cauca. Soy el hijo del medio de una familia de 3 hijos con papá y mamá juntos (un lujo en estos días). El realista hermano mayor, Luis Francisco, me lleva 5 años y existo gracias a que el pidió un hermano cuando mis padres aún vivían en Bogotá y mi hermano no tenía muchos juguetes. Mi hermana menor, Maria del Pilar, quien fue mi mejor amiga durante la niñez, es dos años menor que yo y nació ya estando nosotros instalados en Buga.

Mi papá es uno de los hermanos mayores de una numerosa familia rola que también se mantuvo junta hasta el límite de vivir 3 de ellos en la misma unidad residencial, donde aún hoy pasamos todas las navidades, a las que me escapo al día siguiente para ir a la feria de Cali, pues los 31 de diciembre de mi familia Moreno se acabaron justo cuando prohibieron la pólvora. Mi mamá en cambio es una de las hermanas menores de otra familia numerosa pero ésta bugueña.

Los apellidos que acompañan mi familia bugueña tienen una historia honorable y sobre todo, admirable y eso respeta aún algún respeto entre varias personas que he conocido por todo Colombia. Nunca lo he dicho, pero me encanta ese reconocimiento genealógico. Además todas mis primas Azcárate o Cabal, son preciosas, otro motivo de orgullo, pero es que es increíble, son todas. Mis padres se conocieron porque mi mamá fue vecina de mis tatos (abuelos paternos) junto con algunas hermanas o primas y como mi mamá no es la excepción de la belleza familiar, mi papá y un tío, no demoraron en conocerlas.

Aunque mi mamá se graduó de Dibujante Arquitectónica (justo antes del grandioso lanzamiento del Autocad), al poco tiempo de hacer algunas maquetas en Bogotá, le concedió a mi papá su deseo de abandonar la selva de cemento, donde trabajaba de profesor universitario, e ir a manejar las empresa familiar de mis abuelos y tíos bugueños (así es, también era hijo y nieto de empresarios, también por el lado paterno pero no me sé bien esa parte).

Ya viviendo en Buga mi papá fue un incansable administrador de fincas que quedaban en Tuluá y Buga. Cosechó caña, sembró langostinos, tuvo ganado y todo eso para mi era absolutamente penoso. Me daba pena decir en el colegio que mi papá era "campesino". Lastimosamente justo cuando la familia comenzaba a ver los frutos de esa empresa la violencia en Colombia llegó a su punto más alto (bajo) y tocó dejar casi todo a perderse, pues la guerrilla por un lado y los paramilitares por el otro, ocuparon las fincas.

Adolescencia

Cuando ocurrió esto yo ya me encontraba en el bachillerato, que lo cursé en el Liceo de los Andes, un colegio muy bonito y muy bueno, lo de bueno lo saco de la calidad de seres humanos que son mis amigos y muchos de los profesores que ahí tuve la oportunidad de conocer y algunos, admirar. La vida me ha enseñado que es más importante para una persona encontrar un colegio que lo forme para la vida (ética, lógica, valores transparentes, realidad, recreo, filosofía, historia, etc.) y en eso nuestro colegio no se rajaba, como sí se rajaba en cálculo, física y otras asignaturas complicadas.

A esa edad me consideraba ya muy afortunado y entendí que no sólo la riqueza monetaria era importante, reconocí el valor de una familia culta, de unos amigos fiesteros, de unos hermanos en paz, de padres exigentes. Tal vez el momento más pleno de mi vida ha sido la adolescencia, no me faltó nada, no hubo excusa para pasar esa famosa amarga etapa de la vida. Durante la adolescencia conocí a personas muy importantes en el futuro de Laprog: Mónica Alejandra Gonzalez una de mis mejores amigas será en un futuro la primera Directora de Comunicaciones de Laprog; Andrés Velez se convertirá luego de ser pasante en el departamento de Diseño, a ser el Director de dicha área y ahora el Gerente de una empresa proveedora de Laprog; Gerardo Andrés Cabrera, mi mejor amigo desde que tenía 4 años es ahora uno de los socios de la empresa de Andrés; Juan Manuel Angarita hizo primero de cliente con la Asociación de Colegios Jesuitas de Colombia y luego fue el Director de un proyecto de Comercio Electrónico con el Ministerio de Comunicaciones, para Laprog.

Habiendo hecho un fuerte vínculo con muchos de mis compañeros de Colegio, inicié desde los 16 años a vincularlos a mi plan de vida, claro, después de una noche de tragos. Celebrando el cumpleaños número 17 de Gerardo y habiendo tomado un poco de Aguardiente Blanco, después de preguntarles a todos qué iban a estudiar, les prometí que todos tendrían un puesto en mi empresa, que quién sabe a qué se iba a dedicar (hasta se lo prometí a Hector Osorio quien me dijo que sería actor). Durante esta etapa vi a mis padres haciendo grandes esfuerzos para mantener el estilo de vida y poder pagar la universidad de mi hermano (Economía y Filosofía - Los Andes) y la futura Ingeniería de Sistemas en el Icesi que habría de tomar yo.

Antes de cerrar la empresa familiar y siendo mi papá el Administrador, el salía diariamente entre 4 y 5 am para las fincas y llegaba tipo 7 u 8. Fue un duro esfuerzo que siempre me inspiraba para tratar de despertarme con el primer llamado al colegio (no es que no fuera suficiente inspiración, pero nunca lo logré). Una vez terminada la fase "campesina", mi papá, sociólogo, hizo una especialización en pedagogía y en psicología, lo que le sirvió para emprender su negocio personal de consultorio para la realización personal.

Negocio que lamentablemente no dio muchos frutos en Buga, una ciudad donde las personas no tienen tantos problemas como podrían tener quienes viven en ciudades como Bogotá o Cali, donde la ambición y el tiempo nunca son suficientes. Mi mamá por otro lado montó la primera y hasta ahora única crepería de Buga. Ambos negocios principalmente sirvieron para que mis padres hicieran por primera vez en su vida lo que en verdad disfrutaban por trabajo. Por eso y otros motivos, los admiro profundamente. Llegado ya este, el enésimo párrafo de algo que no debió llevar tanto, es normal preguntarse, qué le importa esto a Jose.

Decidí escribir esto porque Jose no conoce esta parte de mi vida y durante esa etapa aprendí la gran mayoría de las cosas que sirvieron de pié para iniciar mi decisión de emprender:

- Para ser empresario hay que ser ambicioso. Lo importante es enfocar esa ambición hacia una meta que esté de acuerdo en lo que uno realmente quiere y cree.

- Todos los colombianos tenemos la responsabilidad de hacer algo, no podemos simplemente quejarnos y seguir como si nada estuviera en nuestra manos.

- La amistad, la familia y los negocios sí se pueden mezclar. Si se aprovecha la condición de amistad y familiaridad para el bien mutuo y de la empresa, con honestidad, transparencia y respeto, los negocios no sólo son más prósperos sino que además toman una dimensión humana que es demasiado satisfactoria.

- Hay que hacer lo que uno quiere hacer.